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En realidad el tiempo no existe.

Gran invento que a veces nos persigue y tantas otras añoramos.

Contigo ya van 18 años…y, sinceramente, no parece que fuese ayer cuando en mis brazos parecías tan frágil, pero sí cuando me pedías consejo y escuchabas mis palabras con tanta atención, como si proviniesen de un ente sabio. ¡Ya ves!

Me encantó poder disfrutar un poquito de ti estos días. Y que ahora, cada vez que surgen temas de opinión, consejo o ayuda, tengas ya tu propia experiencia y seas tú el que aporta cada vez más. No sé por qué, pero eso me hace quererte también de otro modo.

Observar que estás dejando de ser y empezando a existir…

Juro que reflexionar a tu lado es una de las mejores cosas (odio la palabra “cosa”), entonces, experiencias de las que puedo disfrutar.

 El otro día volví a soñar contigo. Una de tantas. Pero esta vez ya no tenías unos 5 años… más bien habías llegado a los 10 y la sensación era distinta. Seguía protegiéndote de algún modo, pero tú ya habías salido al mundo, rompiste la cáscara del huevo y disfrazado de Príncipe Encantador o con un simple chaleco de vaca, te defendías de todo aquello que acontecía, mientras yo te observaba, anonadada, incrédula y quizás un poco mística.

Ahora nuestro contacto es más intermitente. No te imaginas la diferencia que noto entre viaje y viaje. Cada vez más claro y más intenso. Más respetuoso e inspirador de respeto, hasta tal punto que a las figuras que para mí fueron totémicas has sabido encontrarles las hendiduras y deformaciones y, con ello, te han respetado.

Admiración por tus dones llevados a cabo y tus ideas que irán moldeándose con el inexistente tiempo. Ganas de ti y de tu rincón. Ya no compartimos las mismas experiencias, objetos ni lugares, pero nuestros caminos siguen convergiendo en un mismo punto, físico o filosófico, racional o totalmente emocional.

Sin la fluidez que te caracteriza para escribir, intenté, con esto, mostrar un poquito de lo que siento en este primer día completo -primaveral para ti e invernal para mí- de mayoría de edad (otro invento, social, para disfrutar, así que hazlo).

Espero la pérdida acabe en encuentro, la inseguridad acabe en menos inseguridad, el sol salga un poquito más cada día, seas paciente en lo que viene, estés o no estés de acuerdo con el método y lo mejor… lo que viene después siempre está en el aire. Vive esto, ahora mismo, esto que estás leyendo, ya no es el presente, por que cada letra que pasa por tu mente ya forma parte del pasado. Ahora mismo me gustaría que al terminar de leer esto, reposases tu espalda en la silla y se dibujase una sonrisa en tu boca. Pero, ¿ves?, seguro que antes de que reposes ya he conseguido esa sonrisa.

Odio decirte que te quiero… por que es tan evidente, que gesticularía un golpe con mi mano en mi frente (“zas!”) cada vez que lo digo.

Simplemente pienso que no hay palabras exactas para lo que siento.

Te espero en Berlín.

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