No tiene nombre

Desdicha es lo que siento.

Desdicha fluida de sonido fresco y somnoliento.

Desdicha al experimentar la armadura  que (un poco todos) nos hemos creado para subsistir en este mundo antinatural, repleto de falacias.

Tan solo resquicios de lo que un día fue puro.

El silencio.

Escándalo de ilusiones transformadas en un color gris ceniza.

Voces que se acallan con la fuerza ilusoria de la falsa autoridad.

Ja! Autoritario soy yo. Qué diantres es eso para un ser de medio metro?

El tedio que contagia a la alegría de esa pureza.

El mayor veneno es el ser humano y así, colindantes.

Cólicos punzantes a nivel torácico… y es que, el corazón no sabe de…

Reclamos internos a un yo escondido que pide a gritos ser rescatado.

Salir, salir para reencontrarse con el mundo,

expresar el amor sincero, el miedo y la tristeza que fueron olvidadas a raíz de un tal Narciso.

Discurren olas de alegría seguidos de un odio indescriptible tal que atenta contra natura.

No tiene nombre.

Libertinos quisiéramos de vez en cuando ser.

Entonces, ese miedo al abandono, seguirá disfrazando la desconfianza en uno mismo.

 

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