Aprendiendo a nadar…

Pretendía nadar.

Aquél ser inocente, movía sus extremidades sin saber muy bien qué patrón debía seguir.

Una dulce voz susurraba a lo lejos cuál debía ser el ritmo.

“Los patrones no dan siempre buen fruto”

En las profundidades de aquel lago, habitaba esa voz escondida en un cuerpo de mujer. Sus brazos pretendían mantener al niño siempre en la superficie. Cada vez que el pequeño fallaba en sus torpes movimientos, ella luchaba por mantenerlo a flote.

“Dos brazos largos y delgados. Oscura la visión desde las profundidades”

No había sol. Sólo miedo.

Sería capaz de perder su vida tan solo por seguir manteniendo a ese retaco cercano al oxígeno que necesitaba.

Gris. Gris y verde.

Debía detener su respiración durante largos periodos de tiempo. No sabía cuánto más iba a aguantar. La peor sensación, cuando veía al “pequeño saltamontes” hundirse en ese agua malvada.

“¿Dónde está la orilla?”

“¿Existe una orilla?”

En esos momentos, aquella mujer deseó ser sirena.

Tras esos momentos, la sirena abrió los ojos.

“Somos ambas cosas, quiero ser ambas cosas”

Con los ojos bien abiertos, observó que aquél niño podía flotar desde hacía mucho tiempo.

DSC_0859

Anuncios