Las escaleras que perdimos

Escaleras

– ¿Es que no tienen aquí escaleras más altas?

– No, de momento no. Pero puede usted elegir entre uno de nuestros bozales. Llegaron esta mañana. Tienen un plus en calidad por comodidad.

– Pero yo pregunté por…

– …además, ¿sabe qué? Son de última generación. Los tiene en 80 colores diferentes y el precio incluye un teléfono móvil inteligente si usted paga 100 euros más y si su disponibilidad de localización está siempre activada.

– No entiendo…

– Usted no se preocupe, nosotros nos encargamos de todo. Aquí trabajamos para y por nuestros clientes. Usted no debe mover un dedo. Su bienestar es lo más importante.

– Está bien.

– Mire, siéntese en aquél sofá/masaje que le tenemos preparado. Usted relájese que yo me encargo de prepararle su compra.

– De acuerdo. Pero he de recoger mi escalera. Un seguridad enorme me la retiró antes de entrar.

– Le ruego que no se preocupe. Nuestro personal de seguridad está automatizado para seguir la normativa de la empresa al pie de la letra.

– … ya, pero sin mi escalera, no puedo…

– Le repito que es un proceso interno. Relájese. Qué tipo de música le gusta? Bueno nuestro abanico de posibilidades no es muy amplio. Pero alberga todo aquello que todo el mundo conoce… ya sabe.

– Ya, pero es que a mí…

– ¿Le apetece un gyn-tonic?

– ¡Claro!

El hombre recibió su bozal acompañado del libro de instrucciones. Unas instrucciones que, tristemente, jamás serían llevadas a cabo por él, sino por otros. Era la nueva generación. Los hombres ya no tenían fuerza para expresar, dejar salir de su enérgico interior, todo lo que habían aprendido desde que empezaron a usar las escaleras. Por supuesto, las escaleras fueron retiradas del mercado. Una supuesta contaminación por parásitos… Por el mismo hecho, todas las demás habrían de ser quemadas. Y así fue.

Pero la gran mayoría se sintieron orgullosos de su especie, por la creación de altas tecnologías. Las televisiones eran una gozada vacía. Llegaría el día en que sería posible entrar en ellas y perderse en la sublime fuerza de la tertulia sin sentido. Los teléfonos servirían cada vez para más. Tanto, que acabarían generando alteraciones en ondas cerebrales. Las fases del sueño pudieron ser manipuladas antes de poder conocer cuál era la total funcionalidad del mismo. Pero todos gozaban de regalos, descuentos en el mundo del consumo. A veces incluso aplicaban un 60% en la instalación de “chips” en el lóbulo frontal.

– ¡Ja!

Era la típica expresión, cada vez que recordaban que hace unos pocos años, su vida se regía por el uso de unas simples y pobres escaleras de madera… Algunos de ellos mostraban ápices de añoranza, ya que éstas les permitían subir y ver desde lo alto. Expresar, trepar y ser dueños de uno mismo. Aislarse a meditar en pequeños trocitos de nube y también, de vez en cuando, escapar y observarse desde arriba, siendo tan solo un testigo.

Pero gozarían con ello de nuevo algún día! Y es que su bendito gobierno les había prometido la construcción futura de nuevas escaleras personalizadas. Lo que no sabían, es que eran unas escaleras pre-programadas para conducir tan solo en una dirección. Hacia el infierno.

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